Héctor Zúñiga Rovira

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Miguel Fajardo Corea. Obra Perspectivas Muralísticas sobre la Historia de Liberia. Coopeande. GUANACASTE NOTICIAS

El ingeniero y compositor Héctor Zúñiga Rovira (1913-1995).  En todo el país, en algún momento, alguien canta una de sus magníficas piezas.  No importa cuál.  Su pasión y su vibrante voz sacuden lo anodino. La pampa continúa recibiendo sus cantos infinitos.

El Ing. Héctor Zúñiga Rovira, Hijo Ilustre de Guanacaste (1913-1993) es un “Cantor cósmico, forjador de conciencia infinita e histórica. Su canto creador es devoción de Guanacastequidad.  Pan eterno, iluminado.  Hijo pródigo de un Guanacaste que piensa”.  El anterior  pensamiento, escrito por Miguel Fajardo, se encuentra en la placa colocada en la peana del Parque Mario Cañas Ruiz.

Don Héctor jinetea en su pampa la canción de amor.  Rasga su guitarra para marcar los caminos de la vaquiada, la fierra de los sueños.  El Tempisque desborda sus aguas de silencio para llegar a Dios.

Mientras tanto, nuestra tierra sigue amarrándole los pies para el regreso, desde su canto para la vida.  Su canto es ineludible; su palabra y canto, infinitos, porque la albarda o la polca rompen el fuego de cada corazón sin asombro.

El Ing. Héctor Zúñiga Rovira ganó el Premio Nacional de Cultura Popular en 1993, y el 16 de setiembre de ese año ingresó en la Galería Nacional de Cultura Popular.

En 1995, se inauguró el Parque Ecológico Héctor Zúñiga Rovira, el segundo más importante del cantón de Liberia, también conocido como “El Pulmón”, sitio público, muy concurrido, donde los habitantes liberianos acuden diariamente a practicar ejercicios físicos y disfrutar de una sana y armónica convivencia. Coope-Ande colocará ahí un busto del maestro Héctor Zúñiga.

De las canciones escritas por don Héctor, “Amor de temporada” es la pieza más conocida y la de mayor fuerza popular.  Otras composiciones predilectas por el público son: “Están yeguando”, “El burrro ΄e Chilo”, “La muerte del sabanero” y “El huellón de la carreta”. Esta última fue su punta de lanza y contextualiza, en su primera estrofa, cómo se gestó la canción. La trilogía nucleadora de los ejes temáticos en el acervo musical de Héctor Zúñiga son: hombre-campo-amor.  Otro nudo de significación es la dicotomía hombre-caballo.

Las composiciones de este insigne compositor son un legado infinito para todos, y constituyen un riquísimo material para estudios lingüísticos del español guanacasteco. Asimismo, sus letras permitirán, a no dudarlo, confrontar situaciones y deslindar tópicos.  Cabría analizar, por ejemplo, perspectivas sociológicas, arqueológicas, o bien, la tipificación de la hacienda ganadera.  Igualmente, se  puede establecer una visión histórica evolutiva del Guanacaste eterno.

Miguel Fajardo escribió el libro Héctor Zúñiga: palabra y canto, auspiciado por la Asociación para la Cultura de Liberia (1993: 120). Se encuentra agotado y  sería valioso publicar una reedición, corregida y aumentada, con otras facetas de la obra de Rovira, pues han transcurrido más de dos décadas desde su desaparición física.

Alguna vez escribiste: “Ante Dios yo me arrodillo para orar”.  Descansa en paz, Héctor Zúñiga, pero sigue cantando. Infinitamente…